por Chan Tejedor
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Bouquet de Tillandsias en la muestra Exobiotanica

Azuma Makoto es un floristero japonés nacido en 1976. Su juventud y visión descarnada, tanto con respecto a la vida y su relación con la muerte, como a la visión de las plantas con respecto al rock, lo consuman como un ejemplo contemporáneo de que el arte está en un estado de efervescencia total, por eso lo hemos traído a nuestra sección de Martes de Artes. Se lo considera como el creador de la escultura botánica, desde arreglos gigantes a esculturas suspendidas. Plantas, rock y bonsais volando en el espacio. Esto sí que mola!

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Ornamentando los copones del Alameda Central en México

Makoto trabaja en su laboratorio de Tokio, en un espacio minimalista e industrial, ubicado en un sótano que no se parece en nada a las floristerías tradicionales. Lo que hace Makoto, aunque esté relacionado a las tradiciones, es Arte. Arte con mayúsucula ya que sus obras transpasan lo meramente ontológico para poner en la acera de la metafísica la contemplación de la vida y la muerte en un breve lapso de tiempo, teniendo en cuenta tal como dice Makoto, que el tiempo de un día de una planta, equivale a diez años para el ser humano. Makoto se identifica con la estética del Mono-No-Aware, concepto de la filosofía y la crítica literaria japonesa que podría traducirse como “la empatía de lo efímero” “la empatía por las cosas que se desvanecen”. Así, la muerte es un proceso natural de la vida. El ejemplo más dramático en su obra es la instalación Burning Flowers, un homenaje a los que ya no están pero también un respeto a los seres vivos que son las plantas y las flores. Y también compara la cualidad de las flores al rock: nunca un acorde sale igual, nunca un pétalo es igual a otro y todo es susceptible al estado anímico con el que se lo afronte. Makoto viajó en su juventud a Tokio para ser músico, la dura vida de estudiante lo llevó a coger un trabajo de media jornada en el mercado de flores y nunca más volvió a trabajar de otra cosa.

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Con su equipo de trabajo

Los días de Makoto comienzan siempre igual: él hablándoles a las plantas. Las trata con respeto y distancia. Es conciente de que son seres vivos y dice que no trabaja para ningún cliente que no considere lo mismo. Explora las posibilidades que tienen las plantas y las flores en el transcurso de sus vidas y desterritorializa su hábitat natural: Envió un bonsai de 50 años y un bouquet de Tillandsias al espacio con la ayuda de un cuerpo aeronáutico de California, todo el proyecto puede verse en la web Exobiotanica; llevó de paseo por el mundo a un bonsai al que colocó de forma aérea dentro de un cubo de aristas metálicas, realizó para Dies Van Noten una muestra de arreglos en bloques de hielo, hizo un taller con prácticas en el Alameda Central de México, ornamentando los copones del parque con arreglos que simbolizaban a México y a Japón; en Leaf Man, reúne seres humanos con plantas bajo formas monstruosas con las que sueña continuamente; en una de sus últimas obras llamada en español Sequía y Sombra, hace una escultura botánica de girasoles secos en Jujuy, Argentina y al igual que Alain Resnais -quien adrede realiza su corto documental de Van Gogh en blanco y negro- desacraliza la visión “amarilla” de los girasoles.

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Sequía y Sombra. Jujuy, Argentina. Abril de 2018.

El itinerario de su obra también está ligado a un itinerario por el mundo. Conoció diferentes mercados de flores, de los cuales le impactaron el Mercado de Jamaica en México y el de flores de Calcuta. Aunque siempre destaca como su favorito al Ota Flower Market de Tokio, donde consigue variedad y calidad. Con respecto a las flores como ofrendas y regalos, Makoto recomienda regalar siempre flores de temporada, que son las que tienen perfume porque el perfume tiene memoria. Él mismo ha llamado a su hija Sumire que significa Violeta, porque nació en febrero que es época de violetas.

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Flores de septiembre. En su Tienda Boutique Jardin des Fleurs

Makoto es directo y no tiene pelos en la lengua. Cuando le preguntan si quiere concientizar sobre el medio ambiente, responde que no pretende evangelizar sino hacer su tarea, que es lo que sabe hacer. Cuando le preguntan si su trabajo tiene relación con el ikebana, responde que a pesar de que considera al ikebana como una forma elevada del arte floral, lo que él hace, lo hace de autodidacta. Y cuando le preguntan por qué quemó los abetos de Navidad, respondió simplemente “Amo la vida hasta el final”.

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Burning Flowers

Todas las fotos pertenecen a http://azumamakoto.com